lunes, 28 de marzo de 2016

Álamo blanco


Nombre en euskara: Zurzuria    

Nombre científico: Populus alba

Familia: Salicáceas


El álamo se eleva soberbio y orgulloso
ondulando el ramaje dorado y poderoso
encima de la suave tristeza de las cosas.
                            Pablo Neruda


Este soberbio ejemplar está ubicado en el Parque Ignacio Ellacuría.

Árbol alto, de hasta 30m, generalmente algo torcido. Caducifolio. Nativo de Europa y Asia Menor.
Corteza blanquecina con fisuras negruzcas.
Hojas lobuladas con el envés blanquecino. Yemas jóvenes y ramitas algodonosas, de color blanco que se vuelve pardo pálido.
Los amentos masculinos, de color rosado, aparecen
antes que las hojas. Los femeninos son amarillo verdosos.
Frutos en forma de cápsula cónica que se abre y libera las semillas, cubiertas por pelos blancos y algodonosos.
De crecimiento rápido, tiene una longevidad media.
Populus era el nombre latino del chopo o álamo, que quiere decir propio de los pueblos.
En la mitología griega, el álamo representa la dualidad. El álamo blanco se identificaba con lo visible y lo aéreo, mientras que el álamo negro representaba lo oculto y lo subterráneo.
El nombre específico alba, alude al color blanquecino del envés de las hojas.
Según la leyenda, el héroe Heracle hizo una corona de una rama de álamo blanco, corona que llevaba puesta en su duodécimo trabajo, en el que tuvo que descender a los infiernos. La cara de las hojas que rozaban sus sienes tomaron un color blanco plateado, debido al sudor, mientras que las que estaban orientadas hacia el exterior se tornaron oscuras, debido al color del mundo subterráneo.
La madera de los álamos no es de gran calidad, y se usa para la fabricación de pasta de papel.

La diseminación de las semillas, en la primavera, se produce mediante unos penachos lanosos que les permiten ser transportados fácilmente por el viento. Estos penachos pueden llegar a formar “alfombras blancas” en el suelo, y ocasionar problemas de alergias.

sábado, 19 de marzo de 2016

Aguacatero


Nombre en euskara: Ahuakateondoa

Nombre científico: Persea americana.

Familia: Lauráceas


     Aún pienso en el aguacate   
     de unos ojos que he visto.
              Eyra Harbar 



Este magnífico ejemplar se encuentra en el Parque Ignacio Ellacuría.

Árbol de follaje siempreverde, procedente de México y América Central. Alcanza los 15m.
Corteza lisa, de color gris claro.
Hojas ovaladas grandes.
Flores pequeñas amarillentas en ramilletes.
El fruto, el aguacate, es globoso en forma de pera.
De crecimiento lento, tiene un tiempo de vida corto.
El nombre de Persea proviene del griego, es el nombre de otro árbol que se ha adoptado para este género. Americana hace alusión a su procedencia.

La palabra aguacate viene de ahuácatl, término de la lengua náhuatl. 

domingo, 13 de marzo de 2016

El nombre de los árboles

Te propongo un sencillo ejercicio. Cuando pasees por el monte o la ciudad, fíjate en los árboles, ¿cuántos eres capaz de identificar y nombrar?
La lengua es un prisma a través del cual sus hablantes ven el mundo. Cuando alguien no conoce ni nombra más que “árboles” no ve el mundo a través de las mismas gafas que quien reconoce y distingue la encina, el haya, el abedul, el castaño, el fresno... Quien identifica todas las coníferas como pinos solo distingue una forma vagamente típica de los árboles de hoja perenne, bajo la cual no ve como diferentes el pino, el abeto, el alerce, el tejo o el ciprés. Puede decirse que lo que no se nombra no existe de forma distinta[1]. Nuestros antepasados ya lo sabían, y nos dejaron el mensaje en el conocido aforismo “izena duen guztia omen da” (todo lo que tiene nombre existe).

Antes que nada, dime, ¿cómo te llamas?
      Blas de Otero, El árbol de enfrente.

Como nos sugiere el poeta, una buena forma de acercarnos a los árboles es conocer sus nombres. Para nombrar a los árboles, además del nombre común, disponemos de una nomenclatura científica internacional, según la cual primero se indica el género, en mayúscula, seguido por la especie, en minúscula. Así por ejemplo, el nombre científico del roble común —árbol por excelencia en nuestra cultura— es Quercus robur.
Dentro de una especie se pueden precisar subespecies, variedades y otros detalles, pero la categoría de especie es básica, ya que define las características esenciales que diferencian un árbol de otro.



[1] Tamayo, D. (1987). Educar la sensibilidad, Madrid, Alhambra.

sábado, 5 de marzo de 2016

Acacia de tres espinas.

Nombre en euskara: Arkazia hiruarantza

Nombre científico: Gleditsia triacanthos

Familia: Leguminosas

Largas tardes campestres;
alamedas rosadas;
aire delgado que el aroma apenas
sostiene de la acacia
                 Manuel Machado, Regreso

Este estupendo ejemplar se encuentra a la entrada a Portugalete, junto al muro del Cementerio Municipal.

Árbol de hoja caduca nativo de América del Norte. Puede alcanzar los 20m.
Corteza escamosa con espinas pardo rojizas. Es el único árbol que tiene grupos de espinas en el tronco.
Hojas con numerosos foliolos de color verde claro, tornándose amarillas en otoño.
Flores en racimo, amarillentas y olorosas.
Fruto: vaina aplanada larga, de color marrón rojizo.
Velocidad de crecimiento media, puede llegar a ser muy longevo.
El nombre del género está dedicado al botánico alemán, del siglo XVIII, G. Gleditsch. El específico triacanthos, deriva del griego acantha, espina. Equivocadamente, se ha relacionado este árbol con la corona de espinas de Cristo. Según la tradición cristiana éstas provenían, probablemente, de un arbusto de la región de Palestina (Paliurus spina-christi) o más probablemente, según algunos autores, del Sarcopoterium spinosum, bastante más abundante en la zona.

La madera se emplea en carpintería y ebanistería. 

domingo, 28 de febrero de 2016

Abedul

Nombre en euskara: Urkia


Nombre científico: Betula pendula  

Familia: Betuláceas

El abedul blanco
bajo mi ventana
se viste de nieve
que recuerda plata.
(Serguei Esenin, Abedul)

Este esbelto ejemplar se encuentra en la confluencia de las calles Abatxolo y Ramón y Cajal, en el límite con Sestao.


Elegante árbol caducifolio que puede llegar a los 30m. Originario de Europa y Asia Menor.
Corteza blanca laminar, es fina y flexible. Las ramas jóvenes son largas y péndulas.
Hojas romboidales doblemente dentadas, de color verde medio –más claro por el envés-.
Flores: amentos amarillo verdosos
Frutos a modo de infrutescencia de color pardo rojizo.
De crecimiento rápido, tiene una longevidad media.

El nombre en castellano proviene del nombre latino del abedul, que deriva de la palabra celta betule. Pendula, del latín pendulus,-a,-um, significa colgante.
Su porte elegante se ve realzado por su hermosa corteza blanca. En el País Vasco se utilizó, por su llamativo color, como mojón vivo en los deslindes de prados.
La madera es blanda y fácil de tallar. Los pastores vascos la utilizaban en la fabricación de recipientes para la leche y el queso, porque no se agrieta.

De la savia, rica en azúcares, se obtiene un jugo que en algunos lugares de Europa se fermenta para obtener una bebida alcohólica.

domingo, 21 de febrero de 2016

Sentir la presencia de los árboles

La presencia de un árbol: esa vida sin rostro, tan real, tan poderosa, pero ausente, latiendo en el encierro seco de su tronco, y en el serpentino fluir de sus raíces, y en el verdor al aire, locamente abierto.
Gabriel Celaya, Un árbol.

“Los árboles tienen pensamientos dilatados, prolijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchemos. Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquiere una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es”.
                                                            Hermann Hesse, El caminante. 
  
“Un árbol siempre es un elemento de belleza. Si el tronco es recto, nos emociona su esbeltez. Si se retuerce, adquiere humanidad como si estuviera sujeto al dolor. El artesonado de sus hojas tamiza la luz y el calor del sol. Todos recordamos momentos felices de nuestra vida a la sombra de un árbol. El azul del cielo entre las hojas claras es el mejor reposo de los ojos.
Los árboles sacudidos por el viento, al chocar sus ramajes, cantan. Imitan el ruido de la lluvia al caer y el ruido del mar lejano. Las hojas de los árboles batidas por el viento se estremecen como gargantas humanas.”
                        Noel Clarasó, El libro del jardín.


domingo, 14 de febrero de 2016

Aprender a mirar

Hay muchas personas de vista perfecta
que nada ven […]
El acto de ver no es natural.
Precisa ser aprendido.
                                     Rubem Alvés

Aprender a mirar para ver los árboles de nuestra Villa, no como componentes estáticos del paisaje, sino como miembros activos del mismo. El árbol es parte de nuestra cultura, está presente en la mitología, en el folklore, en la toponimia, en los apellidos y en muchos de nuestros símbolos y tradiciones.
Las zonas verdes urbanas, y los árboles especialmente, juegan un importante papel en la calidad ambiental de las ciudades, haciéndolas más agradables y acogedoras, animan nuestros sentidos y favorecen la relajación y el esparcimiento.
El árbol es un elemento clave del medio ambiente urbano. Los valores del arbolado urbano van más allá de lo puramente estético y ornamental. Incluyen tanto cuestiones vinculadas a las condiciones físicas y ambientales como las relacionadas con la calidad de vida y la percepción de la propia ciudad.
Los árboles que disfrutamos en la actualidad son un legado de quienes los plantaron, un legado que tenemos que conservar, mejorar y aumentar. Sin duda, esto contribuirá a mejorar la calidad ambiental de la Villa, y el bienestar de quienes en ella habitamos.
Cualquier árbol merece respeto. Altos o bajos, delgados o gruesos, vistosos o discretos, frágiles o fuertes, vengan de donde vengan, son los árboles de la Villa, ¡portugalujos, y por muchos años!

No basta abrir una ventana
para ver los campos y el río.
No es suficiente con no ser ciego
para ver los árboles y las flores.  

             Alberto Caeiro