Los árboles están en el planeta desde mucho antes que el ser humano. Dependemos de ellos, y han sido un poderoso símbolo desde el principio. No es de extrañar, por tanto, que aparezcan en las manifestaciones artísticas de todos los tiempos.
En el noreste de Brasil, en el parque nacional de la
Serra da Capivara, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, se hallaron unas
pinturas rupestres, cuya antigüedad se estima en torno a 25.000 años, en las
que aparece la que posiblemente sea la representación más antigua de un árbol.
Durante la Edad de Piedra también se dibujaron árboles
sobre rocas, y esa práctica continuó hasta la Edad de Piedra Tardía, entre el
13.000 y 2.000 A. C.
Tanto en la antigua Grecia, como en Roma, los árboles aparecen en frescos, cerámicas y otras expresiones artísticas. Un ejemplo de ello aparece en la imagen adjunta: una pintura al fresco, que se encontraba en la Villa de Livia, esposa del emperador Augusto.
En
China, desde el siglo IV D. C., los árboles fueron protagonistas de la pintura
paisajista, que a menudo encerraba significados ocultos. El pino, por ejemplo,
representaba la longevidad, la resistencia y la fortaleza debido a su
naturaleza perenne.
Estas
ideas también están presentes en el arte japonés. La floración del ciruelo y
del cerezo, llamada sakura, es un
tema recurrente desde hace siglos y se ha plasmado en todo tipo de medios:
biombos, rollos de seda, abanicos, kimonos, etc. Son imágenes bellas a la vez
que simbólicas. Las flores de estos árboles ofrecen todo un espectáculo en
primavera y representan la vitalidad, la esperanza y la renovación, pero
también recuerdan el carácter efímero de la belleza.
Fuentes consultadas:
Ø Kirkham,
T (2024). Árboles: Una exploración de su
mundo, de la raíz a la copa, Phaidon, Nueva York.
Ø Conferencia
Árboles. Francisco Javier San Martín. https://www.youtube.com/watch?v=zJ6GL0Hc8D4


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